Esa era ella hoy.
Ella sabía todas las razones por las cuales no debía sentir lo que sentía. Sus miedos la habían cegado y había destruído lo que más quería sin mirar. Y cuando vio el sufrimiento en sus ojos, sus miedos perdieron todas las dimensiones. Jamás había vivido un momento más doloroso que ese, en el que vio que eso por lo que hubiera dado la vida yacía frente a ella... mutilado por sus acciones. Y no entendió como dos personas con tantos sentimientos podían hacerse tanto daño.
Era víctima de ella misma.
Había caído en cuenta de que su mente había traicionado a su corazón, y su corazón a ella.
Pero cuando la puerta cayó a golpes del dolor y sonó la alarma, nada se sintió más claro que quedarse dentro de ese lugar en el que se sentía segura. Que las caricias y las miradas estaban generando una bomba de emociones. Que su piel se sentía sagrada. Se había dado cuenta de que había sueños que no quería abandonar. Había sentimientos que no quería dejar de sentir... Había alguien que ella no quería que dejara de hacerla feliz. Y era un sentimiento por el que sentía una gran admiración.
Porque ya no había un lugar para ella en ese cielo. Pero ella no podía evitar sentirse más que nunca parte de ese espacio.
Y entró en conciencia de que luego de él... volver a empezar tenía un significado completamente diferente. Y le dolió reconocer que su gran entrega sería algo maravilloso que tendría para darle a otra persona que en algún lugar estaría esperando para volver a empezar en un tiempo lejano. Alguien que jamás dejaría que ella abandonara sus sueños con él.
Ella estaba colmada de recuerdos hermosos que serían el motor de su corazón. Las esperanzas que ella buscaba tener, se habían transformado en algo más allá de lo que había podido imaginar.
Hoy, tenía esperanzas en el amor.
Ahora era una mujer con un sentimiento que le había salvado la vida.

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