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domingo, 26 de agosto de 2012

Half way.


Ella se emocionaba mucho al ver a la gente alrededor suyo disfrutar de las cosas. Estaba feliz de poder ser parte de los momentos que las personas cercanas a ella iban a recordar. Pero no podía evitar notar que sus sonrisas se habían multiplicado frente a las suyas.
Ella era una persona feliz, le había costado mucho, pero se sentía muy orgullosa de las cosas que había conseguido y la persona en la que se había convertido. En ningún momento había dejado de ser quien era.

De todas maneras estaba rota.
De todas maneras se sentía obstruída...
De todas maneras sentía que ella misma se estaba prohibiendo, que se estaba censurando.
Nadie le impedía ser feliz, nadie le impedía seguir su camino y seguir construyendo a la mejor persona dentro suyo..

De todas maneras algo en ella le estaba pidiendo que se quede, que no corra.
Alguien estaba atrapado alli dentro, y le estaba pidiendo que lloraran juntos.
Que necesitaba de ella.
Alguien necesitaba de su abrazo, de su tiempo, de su paz.
Alguien le estaba pidiendo ayuda.
Alguien no podía seguir adelante sin ella.
Alguien quería desesperadamente arreglar las cosas con ella.
Alguien quería pedirle perdón.
Para ese alguien ella era la persona más importante del mundo.
Una persona que daría todo por ella, y durante mucho tiempo ya lo había hecho.


Ese alguien era ella misma.
Simplemente se acercó al espejo y dijo "Perdón, aquí estoy, contigo es donde yo quiero estar."

lunes, 13 de agosto de 2012

Un Comienzo Feliz

Una sola imagen pero mil caricias, nada podía compararse a la textura y el sabor que le agregaba a su alma aquella tela exquisita, aquella puntilla tan delicada, aquellos botones perfectos.
La mayoría de las personas sólo podían verlo desde afuera. Sus prejuicios les prohibían disfrutar de la suavidad y ternura que había alrededor suyo.
Pero en ese momento ya nada importaba, cuando todas las capas estaban listas, cuando su rostro volvía en el tiempo, cuando cada movimiento le daba vida a esa hermosa forma que estaba escondida en ella.
Y cuando atravesó el umbral de su casa, ese paso hacia el exterior, ese momento crítico en el cual desnudaba su mente a la sociedad... se dio cuenta de que ella había elegido ver un mundo esponjoso y cálido en el cual no había lugar para sus tristezas, penas ni desgarros.
Ese día era suyo, en ese momento nadie podía romper a esta muñeca de cristal, las suaves capas de tela la hacían más fuerte, los cierres, elásticos y encorsetados la liberaban.
Cada pliegue era vida, cada cinta una expresión de paz.
Y al cerrar la puerta detrás suyo sintió que aún cuando ninguna tela cubriera su cuerpo, ese sentimiento jamás la abandonaría.
Y decidió que más que un final, éste sería sencillamente un comienzo feliz.