Una sola imagen
pero mil caricias, nada podía compararse a la textura y el sabor que
le agregaba a su alma aquella tela exquisita, aquella puntilla tan
delicada, aquellos botones perfectos.
La mayoría de las personas sólo podían verlo desde afuera. Sus prejuicios les prohibían disfrutar de la suavidad y ternura que había alrededor suyo.
Pero en ese momento ya nada importaba, cuando todas las capas estaban listas, cuando su rostro volvía en el tiempo, cuando cada movimiento le daba vida a esa hermosa forma que estaba escondida en ella.
Y cuando atravesó el umbral de su casa, ese paso hacia el exterior, ese momento crítico en el cual desnudaba su mente a la sociedad... se dio cuenta de que ella había elegido ver un mundo esponjoso y cálido en el cual no había lugar para sus tristezas, penas ni desgarros.
Ese día era suyo, en ese momento nadie podía romper a esta muñeca de cristal, las suaves capas de tela la hacían más fuerte, los cierres, elásticos y encorsetados la liberaban.
La mayoría de las personas sólo podían verlo desde afuera. Sus prejuicios les prohibían disfrutar de la suavidad y ternura que había alrededor suyo.
Pero en ese momento ya nada importaba, cuando todas las capas estaban listas, cuando su rostro volvía en el tiempo, cuando cada movimiento le daba vida a esa hermosa forma que estaba escondida en ella.
Y cuando atravesó el umbral de su casa, ese paso hacia el exterior, ese momento crítico en el cual desnudaba su mente a la sociedad... se dio cuenta de que ella había elegido ver un mundo esponjoso y cálido en el cual no había lugar para sus tristezas, penas ni desgarros.
Ese día era suyo, en ese momento nadie podía romper a esta muñeca de cristal, las suaves capas de tela la hacían más fuerte, los cierres, elásticos y encorsetados la liberaban.
Cada
pliegue era vida, cada cinta una expresión de paz.
Y al cerrar la puerta detrás suyo sintió que aún cuando ninguna tela cubriera su cuerpo, ese sentimiento jamás la abandonaría.
Y decidió que más que un final, éste sería sencillamente un comienzo feliz.
Y al cerrar la puerta detrás suyo sintió que aún cuando ninguna tela cubriera su cuerpo, ese sentimiento jamás la abandonaría.
Y decidió que más que un final, éste sería sencillamente un comienzo feliz.


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